El año 2010, el periodista de radio Bío – Bío, Nibaldo Mosciatti Olivieri, galardonado por su merecida trayectoria y haciendo uso de la palabra para agradecer el premio recibido, en una especie de parresía, se mofó de la iglesia, los militares, los políticos y de los grupos económicos. No pretendo juzgarlo, al contrario, quiero rescatar su visión idealista del periodismo en Chile.

Estableció la existencia de dos tipos de periodistas. Unos, al servicio de la sociedad y otros, que les hablan a los poderes. A estos últimos los encasilló como aquellos que viven en “un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.”

Siete años después y especialmente en estas últimas semanas sus palabras – por la actitud de la prensa – se me vinieron de golpe a la memoria.    Primero fue la detención de un General, hermano del actual Comandante en Jefe del Ejército y días después, el lunes 17 de abril, para ser más exacto, la detención de un Coronel en retiro que, durante 16 años fue Alcalde de Providencia y que, con valentía, siempre, ha defendido la labor del Gobierno de las Fuerzas Armadas. Todos, linchados por una prensa mediática, arbitraria que con títulos sentenciadores de “encubridores”, “torturadores” o de “responsabilidad criminal” busca ganarse el aplauso o el “tacho de comida” que nos menciona Mosciatti.

¿Dónde están los periodistas que “le hablan a la sociedad”, a los cuales se refiere Mosciatti? Yo también soy parte de la sociedad y los cientos y miles de soldados que conocieron a esos Generales y Coroneles, necesitamos ser informados con imparcialidad.

Lo que está ocurriendo, pareciera más bien una vendetta, una persecución, una humillación a todo aquel que durante el Gobierno de las Fuerzas Armadas, vistió uniforme. Una venganza que sólo engendra odio en todos aquellos que rodean a los militares injustamente procesados. Sus esposas, sus hijos, sus nietos, sus amigos, sus camaradas de armas. Los de ayer, los de hoy y los de siempre. Sabemos que los jueces no son infalibles, son tan humanos como cualquiera de nosotros y que un solo error basta para condenar a un inocente.

¿Por qué, como ciudadano informado, debo creerle a un testigo que se presenta 40 o 43 años después?

¿Por qué debo creerle a una prensa, que en un 100%, apoya la persecución y crucifixión de todo ex militar que sea acusado por delitos de Derechos Humanos?

¿Por qué debo creer que un General, un Coronel, un Oficial, un Suboficial o un Soldado, con los cuales serví casi toda una vida, pudieran ser criminales?

En el Destacamento “Tucapel” de Temuco, en estos días, no solo se detuvo a emblemáticos y respetados Oficiales, también se detuvo a un soldado de origen mapuche. Un soldado que el año 1973, siendo menor de edad, en cumplimiento de su Servicio Militar Obligatorio y con su escasa educación, durante un control del “toque de queda”, hizo uso de su arma de servicio dando muerte a un civil, que no obedeció la orden de detenerse. Una lamentable tragedia que afecto a un civil y a un soldado. Pero esto a nadie le importa. Menos a los periodistas que buscan llenar las portadas con nombres de Coroneles y Generales. Un soldado, para ellos, no es noticia. No vende.

Ese ex soldado seguramente será condenado. Condenado por cumplir una orden. Condenado por cumplir con su Servicio Militar Obligatorio. Para él no había otra realidad, pero hoy lo quieren convencer – y a nosotros como sociedad también – de que es un asesino.

A ese soldado, durante su detención, no lo fue a ver ningún diputado, ningún senador, ningún abogado, ningún dirigente mapuche y menos un periodista. Ahí debe estar en su ex Regimiento o quizás detenido en su casa, esperando su sentencia, junto a su inocente y perpleja familia. ¿Es eso justicia?

¿Es esa la verdad, con que un grupo de periodistas, le habla a la sociedad?

En la desesperación y pérdida de confianza en la justicia, en la sociedad, en la iglesia, en los políticos, en los gobernantes, recurro públicamente a los Medios de Comunicación. A aquellos periodistas sin vínculos a otros poderes. A quienes son totalmente independientes y alejado de las organizaciones, de los partidos políticos o de las empresas A todos aquellos que éticamente estén dispuestos a mostrar los hechos en todas sus dimensiones. Dispuestos a transparentar otra posible realidad.

La realidad de los inocentes, la realidad de los perseguidos, la realidad de los soldados que servimos bajo el mando de quienes hoy son investigados. Incapaces de creer lo que algunos jueces dicen de ellos y menos aceptar – después de más de 40 años – los relatos de quienes nos violentan con esos inverosímiles testimonios que hablan de enajenados mentales o de criminales que nunca conocimos.