La publicación presentada por CONAF, entregó evidencias sobre los efectos de la megasequía en los bosques nativos, mediterráneos y templados del país, estableciendo la primera estimación a nivel nacional de emisiones por degradación asociadas a este fenómeno climático.
La alta mortalidad de especies nativas sensibles a la sequía, especialmente en bosques esclerófilos de la zona central, con impactos visibles en quillayes, boldos y peumos, y la disminución del vigor y cobertura de bosques templados, lo que compromete su capacidad de capturar carbono y mantener servicios ecosistémicos, fueron partes del estudio que revela el impacto de la megasequía en los bosques del país.
La investigación fue desarrollada por un equipo de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, cuya experiencia académica y científica resultó clave para fortalecer la rigurosidad metodológica del estudio. El aporte interdisciplinario de la casa de estudio, que incluye el diseño de los análisis satelitales y estadísticos, hasta la validación en terreno, permitió enriquecer la comprensión de los procesos de degradación forestal y sus implicancias en las emisiones de carbono. El estudio cuenta también con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, en el marco del Proyecto +Bosques, y que tiene el financiamiento del Fondo Verde del Clima, iniciativa para el combate del cambio climático, a través del manejo sustentable del bosque nativo.
“Lo que el estudio busca es poder entender los cambios que han experimentado, principalmente, los bosques mediterráneos, pero también los bosques templados, por el fenómeno del cambio climático. La sequía permanente ha traído consigo algunos efectos, como por ejemplo el pardeamiento de los bosques, y ahí la Universidad Católica ha desarrollado un excelente trabajo que nos permite hoy tener resultados y considerarlos para rediseñar la Estrategia Nacional de Cambio Climático y Recursos Vegetacionales, establecer líneas y políticas de desarrollo que también involucren este tipo de situaciones”.
Entre los principales hallazgos y resultados obtenidos, destacan la alta mortalidad de especies nativas sensibles a la sequía, especialmente en bosques esclerófilos de la zona central, con impactos visibles en quillayes, boldos y peumos. La disminución del vigor y cobertura de bosques templados, lo que compromete su capacidad de capturar carbono y mantener servicios ecosistémicos.
También, la estimación de emisiones por degradación forestal asociadas a la megasequía, un aporte inédito en el contexto nacional y relevante para la contabilidad de gases de efecto invernadero, y la constatación de que los eventos climáticos extremos generan cambios estructurales en los bosques, reduciendo su resiliencia y aumentando el riesgo de degradación a futuro.